La ruptura de una amistad es como un elefante-cebra.
El dolor por una amistad que ya no es tal, es un duelo incomprendido. Es la pérdida de una parte propia, antes compartida.
El dolor por una amistad que ya no es tal, es un duelo incomprendido. Es la pérdida de una parte propia, antes compartida.
Nos hemos dejado a nosotros mismos los últimos de la fila, y así, nos decimos silenciosa -y constantemente- que no somos importantes.
No nos permitimos aprender de nuestros errores, que es lo que realmente nos permite ser buenas personas.
Tener miedo al futuro es algo inevitable, y no es algo malo. Simplemente debemos tener recursos para afrontarlo.